Y la magia de la Navidad sobrevive por otro año

A lo que me refiero es a que la menor de mis nenas todavía cree en Papá Noel. Aunque venía con algunas dudas como ya comenté en una entrada de blog anterior, con lo del llamado de Papá Noel la remontamos un poco, y ayer a la madrugada gracias a un vecino de mis tíos le pusimos el broche de oro.

Habíamos cenado en lo de mi Vieja y cerca de la una de la madrugada nos fuimos a lo de mis tíos (que es a unas pocas cuadras) para brindar con ellos y con mis primos y sobrinos. Como la noche estaba bárbara habían armado las mesas en el fondo y nos quedamos charlando y comiendo confituras y demases… no sea cosa que terminemos con hambre después de las fiestas. La cosa es que pasadas las 2 y media de la madrugada la menor empieza a gritar que estaba Papá Noel, señalando para la casa de al lado. Pensamos que lo decía por algún globo que supusiera ser el trineo. Pero no che. Ahí en la casa de al lado, en la escalera externa que lleva a la planta alta, estaba Papá Noel parado con una bolsa roja al hombro. Por la hora que era no creo que ese Papá Noel hubiese pasado un control de alcoholemia, pero se las arregló para saludar para el lado de la casa de mi tía y hacer mutis por el foro (por ponerlo en términos artísticos).

Hace un rato la menor me volvía a contar como lo había visto a Papá Noel ayer, y todavía se acordaba de cuando lo vieron el año pasado en aquel balcón.

Yo no creo en las casualidades, pero situaciones como estas me hacen aceptar algunas excepciones que confirman la regla cheeky

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