Una cana en la ceja

Hace un par de semanas después de bañarme me estaba “esquilando” la barba y de golpe me quedé así, con la mano en alto frente al espejo y sosteniendo la máquina de afeitar encendida, mirando fijo. ¿Era posible que ese reflejo platinado fuera lo que yo creía que era? ¿Tenía una maldita cana en la ceja derecha? Si che, tenía una cana en la ceja. No en la barba. No en el bigote. Puta madre, en la ceja.

Creo que ya lo comenté en una entrada de blog anterior, que me afeito la cabeza desde hace como 15 años, con lo cual, cualquier cana que pueda tener en el pelo no se nota realmente. Es más, las veces que siendo fin de semana largo me da fiaca afeitarme la cabeza, cuando llega el domingo a la noche y me veo en el espejo… boludo, parece que se viene la navidad.

Dicho sea de paso, la gente se piensa que afeitarse la cabeza es mucho más sencillo que tener que lavarse y peinarse el pelo. Piensan incluso que es una bendición en comparación con tener que ir todos los meses (o mes por medio) a la peluquería. Lamento tener que desmitificarlo, pero la realidad dista enormemente de eso. Afeitarse la cabeza es un laburo diario. En mi caso me afeito mientras me baño, sin espejo y por tacto. Me paso una mano medio enjabonada por la cabeza para saber dónde es necesario volver a pasar la Gillette, y con la otra le doy a la maquinita de afeitar con mucho cuidado, no sea cosa de terminar manchando la toalla de rojo. Y eso es todos los días. Todos los putos días.

Pero volviendo al tema, de golpe me encuentro con que tengo una cana en la ceja derecha. Porque las canas tienen la costumbre de aparecer de la nada. No es que vos la veas crecer, o que veas que el pelo te va cambiando de color, fundiéndose sutilmente hacia un blancuzco apagado. No-no. Te mirás al espejo y sos el mismo tipo de siempre, bajás la mirada a la bacha de lavarse las manos y cuando la volvés a subir, ahí está la cana, cagándose de risa en tu cara.

Yo sé que esto venía de antes, porque como les digo, si no fuera porque me afeito la cabeza, hace largo rato que sería del mismo equipo en el que juegan Juan Di Natale y Beto Casella. Primero fue en la cabeza, pero no se notó. Con el tiempo las canas empezaron a aparecer en la barba, y después en el bigote. Hasta en el pecho tengo unas crines horribles de color lechoso. Y para que conste en actas, soy más del tipo lampiño que del tipo pelo-en-pecho, pero aun así los bellos blancos (por llamarlos de una manera gentil) se las ingeniaron para hacerse notar ahí también. La cuestión es que hasta ahora al menos, las cejas se venían salvando. Pero ya no más.

Y esto me hace darme cuenta de otra cosa y es que hace algo menos de dos meses atrás, ya podrido de ver los pelos blancos en mi mentón, opté por afeitarme esa parte de la barba. O sea que me dejé una suerte de bigote (de nuevo, mi bigote se parece bastante a la barba de 3 pelos de Gaby, Fofó y Miliki) y también me dejé el triangulito de pelo justo debajo del labio inferior. Sí, sé cómo le dicen a esa acumulación de pelo, pero lo voy a pasar por alto. Digamos que me afeité al estilo D’Artagnan, sin los tres mosqueteros. ¿Cuál fue el resultado de esto? Nadie se dio cuenta, lo cual en cierta forma es lógico si nos atenemos a lo que decía antes sobre el hecho de que no soy de los que tienen taaaanto pelo. Pero los días pasaron, y solo tres personas se dieron cuenta del cambio: tres flacos del laburo. La pregunta que me surge con respecto a esto último entonces es: ¡¿por qué carajo después las mujeres se enojan cuando no notamos que acaban de venir de la peluquería?! sad

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