Oooootra vez hubo que operar a la perra

Esta semana la operaron por cuarta vez a Nappy, la perra. La primera vez la hicimos operar para esterilizarla. La segunda para sacarle unos bultos tremendos que se le hicieron (uno en la parte izquierda de la pechera y el otro en el muslo trasero izquierdo). La tercera vez para volver a sacarle el bulto de la pechera, porque se le volvió a hacer y más grande que la primera vez. Y esta semana hubo que sacarle la glándula salival, la que está justo debajo del maxilar inferior.

Al pie de esta entrada de blog agrego una foto de como amaneció un día que tenía tan hinchada la parte de abajo del cuello que por el peso mismo tenía un ojo como caído. Y en la última foto al pie de esta otra entrada de blog pueden ver su cara en condiciones normales (bueno, lo de los lentes oscuros no es tan normal, lo acepto).

Como se ve en las fotos, es una labradora de 13 años, y no es joda para un perro de esa edad el tema de que la anden operando, pero la nonna se la banca pobre. La dejé a las 18 y a las 20 la fui a buscar de nuevo y ya estaba despierta y me lloraba como diciendo…

- Dale flaco, vámonos a la mierda que no sabés lo que me estuvo haciendo el veterinario…

Lo mejor del caso es que como el mismo veterinario dice, es una de las pocas perras que se pone contenta de ir a la veterinaria (siempre fue así), que le hace fiesta, y que si le das agua la toma. Dicho de otro modo, por más que sea una veterinaria, le chupa un huevo a esta. Ella lo festeja. Un fenómeno.

El motivo de que se le haya tenido que sacar la glándula es porque hace como un mes atrás se le empezó a hinchar el cuello como si tuviera lleno de saliva. Primero pensaron que era un sialocele, que es el término médico para decir: “se le tapó el tubito que drena la saliva y se le está llenando a más no poder el coso ese”.

Cuestión que no era un sialocele. Le hicieron una ecografía y terminó siendo que tenía algo en la glándula salival en sí misma y por eso hubo que sacársela. Al parecer es un tumor, y tiene otro en un riñón. Ese por ahora no se le pudo sacar. Se mandó a analizar la glándula y se verá con los resultados qué es lo que hay que hacer.

Ni bien la traje de regreso de la veterinaria se sentaba, te miraba y te llorisqueaba. No quiso tomar agua. Pero cuando le ofrecimos comida, ni lo pensó. Vieja, sí. Dolorida por la operación, también. Boluda, no.

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