@Minecraft: #UnÉxito a pesar de su #gráfica #pedorra

Hace rato que tenía pendiente escribir algo sobre Minecraft pero hoy me di cuenta que si no lo había hecho hasta ahora, fue simplemente porque no terminaba de entenderlo. Y ojo que no es que ahora lo entienda, pero hoy leí esta nota del sitio de la BBC que me hizo caer la ficha. La nota describe el juego como “un Lego potenciado”. Entonces algo hizo click en mi cabeza y dije: "Ahhhh… claaaaaro. ¡Ahora sí!". A ver, yo jugué al Combat del Atari donde dos haches chotas suponían ser tanques y donde un ruido parecido a una gárgara de robot debía sonar como el motor del tanque. O sinó teníamos el Pacman, donde la pelotita amarilla que era el personaje se parecía más a dos pirámides mexicanas mal cortadas pegadas una con otra por sus bases. Con el tiempo la cosa fue mejorando y después de muchos años llegamos a la Play y la XBOX, en las que hay juegos que bien parecen películas o transmisiones de la ESPN (dependiendo del tipo de juego). Pero entonces entre todo eso surge Minecraft, con unos gráficos inmundos y donde todo se reduce a bloques pixelados y pintados como el ojete. Y los pendejos se enloquecen, y algunos hasta graban sus partidas y las suben a YouTube y sacan guita de todo eso. Si, ya se... somos nosotros los boludos que no entendimos nada...

Entonces uno empieza a acordarse de esa Ley de Evans (incluida entre las Leyes de Murphy) que dice que “si todo el mundo a tu alrededor pierde la cabeza mientras vos mantenés la compostura y la ecuanimidad, entonces quiere decir que no entendiste el problema”. Y de pronto un día una de mis hijas me dice que Minecraft está buenísimo y me pide que se lo baje en el iPod touch. Y al tiempo me pide que se lo baje en la Tablet (que tiene Android, no iOS). Y más adelante queda fascinada cuando se entera de que puede jugar a Minecraft en la XBOX 360. ¡¿Me estás jodiendo?! pienso yo. ¿Con todos los juegos que tiene para jugar (porque después de chipearla y colgarle un disco de 500 GB me cansé de bajarle juegos), le parece buenísimo que puede jugar a eso? O sea, pagás un huevo de guita por una consola con una capacidad gráfica de la concha de la lora para después bajarle… ¿esa mierda?

Y aparecen los muñequitos, y las caretas, y las revistas, y el álbum, y que sé yo cuántas cosas más. Pero la frutilla del postre fue cuando las llevé a las nenas a ver Pixeles, la película de Adam Sandler. Para el que no la vio, la película gira en torno a Pacman, Donkey Kong y personajes y naves de aquellos primeros juegos electrónicos a los que viejos chotos como yo jugábamos de chicos en Sacoa (casualmente cuando contaba más o menos con la misma edad que mis hijas ahora). Entonces al principio de la película aparecen unas navecitas pixeladas que hacen explotar una pared, y todos los pedazos de pared caen transformados en pixeles. Entonces escucho a un pendejo de la fila de adelante que le dice a otro que estaba sentado al lado:

- ¿Viste? ¡Eran bloques de Minecraft!

¡Pero la puta madre! ¡No! Son navecitas pixeladas que disparan rectangulitos que suponen ser misiles que generan explosiones en forma de… ¡PIXELES! ¡No es casual que ese sea el nombre de la película! Pero es al pedo tratar de explicarle eso en el medio de la oscuridad del cine y a los gritos a un pendejo que no me conoce, y al que seguramente lo que yo le diga le va a importar un sorete. Además ya me imagino la silbatina de toda la sala, los gritos de “¡siéntese abuelo que le va a bajar la presión!” de la gente más cercana, y casi hasta puedo tener una imagen mental de dos guardias de seguridad arrastrándome por el pasillo mientras mis hijas nos siguen llorando, conscientes de que no pueden hacer de cuenta que no me conocen porque ninguna sabe manejar. Si, mejor quedarse calladito.

Pero volviendo al presente y al mundo real, si bien la mayor de mis nenas hace rato que juega a Minecraft, recién ayer la menor me pidió que se lo cargue en su tablet (que es un iPad 2 que todavía se la banca). Así que hoy lo compré y se lo cargué. Y entonces se pusieron a jugar y se dieron cuenta que podían jugar las dos en el mismo mundo. Claro, hasta ahora jugaba la más grande y cada tanto le prestaba la tablet a la más chica para que ella también jugara, pero ahora pueden jugar las dos al mismo tiempo. O sea: cada una en su tablet pero en el mismo lugar virtual. Armando entre las dos una misma casa y recorriendo juntas las inmediaciones. Y entonces justo me manda un mensaje Horacio para ver si quiero ir a la casa a tomar mate.

- ¡Si! – me dicen las dos en un solo grito cuando les digo de ir – ¡Así le explicamos a Bruno como entrar en el mismo mundo que nosotras y jugamos los tres juntos!

Y dicho y hecho. Llegamos y ni bien se saludaron se pusieron a jugar los tres a Minecraft, cada uno en su tablet pero confluyendo los tres en el mismo mundo virtual. Y esa es la foto de abajo. Tres chicos (de 11, 8 y 7) jugando juntos y uno al lado del otro… pero cada uno en su propia pantallita. Loco, ¿no?

Bueno, cuando yo era chico con mi primo nos pasábamos horas jugando al Atari. Algunos juegos se podían jugar de a dos, como el Combat o el Tennis. Pero había otros como el Pitfall o el Keystone Kapers donde uno jugaba y el otro tenía que esperar su turno. Y hoy por hoy, después de más de treinta años y de miles de millones de dólares invertidos en Investigación y Desarrollo por parte de las grandes empresas de tecnología, mis hijas juegan en pantallas portátiles táctiles con capacidad de mostrar millones de colores, a casi la misma bosta que jugaba yo en un Atari 2600 conectado a un televisor de tubo a color.

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