La #evolución de las #ComprasConDescuento en #Argentina

Hoy por hoy en la Argentina estamos acostumbrados a tener promociones de lo que sea, los días. Incluso miramos raro a un vendedor o a una vendedora si después de preguntarle si tienen alguna promoción, nos contestan que no. Claro, ¿a quien se le ocurre vender solo al precio de lista? ¿Están locos? Y ahí nomás nos vamos del local medio con cara de ofendidos y medio con cara de sorprendidos a buscar un local que tenga descuentos del 25% para arriba, porque un descuento del 15% es casi un chiste.

- Quince por ciento… amarretes – pensamos

Y claro, es que en un país donde la inflación es cosa de todos los días, uno no tiene mucha forma de saber cuál es el valor real de las cosas. No sólo porque las cosas aumentan poco a poco todos los meses (que a fin de cuentas termina siendo demasiado a demasiado), sino además porque vas un día y comprás con un 15 de descuento con tarjeta de crédito, a los dos días con un 25 de descuento por pago en efectivo, y a la semana con un 5 por ciento por pago con débito y otro 10 por ciento más por decirle que tenés (sin siquiera mostrarle) la SUBE. Posta, a mí me hicieron el descuento del cuarto de libra en McDonald’s solo por asegurarles que tenía la SUBE. Y de hecho la tenía en el bolsillo pero en ningún momento me la pidió la cajera.

Cuestión que ya no tenés la más puta idea de cuál es el valor real de un soto. Y guarda que no es que lo diga yo esto, sino que lo leí en uno de los libros de Tomás Bulat (que por cierto, es una mierda que haya fallecido tan joven de una manera tan pelotuda). No me acuerdo si era en La economía de tu vida o en Economía descubierta porque me leí uno atrás del otro, pero en uno de esos libros justamente hablaba sobre eso… claro que sin lo de “puta idea” y lo de “una mierda”. Si no los leyeron se los recomiendo, ambos.

Y así va uno por la vida en esta Argentina a la espera de comprar las cosas los días que hay descuento. Y así termina la gente dejándose la barba esperando el dos por uno de Farmacity en hojitas de afeitar, comprando un Poett tamaño baño en Disco solo para usar el Jumbo-check en artículos de limpieza antes de que se venza, comprando diez jabones en polvo Skip de medio kilo en lugar de uno de 5 kilos porque con la promo te ahorrás siete mangos, sacando un farol de noche pedorro que no sirve ni para ver la hora solo para cambiar los puntos de Personal antes de perderlos, o viendo una película francesa más aburrida que chupar un perejil solo porque la promo del 2x1 en el cine con el 50% de descuento en pochoclos era justo el día del cine europeo. Todo sea por ahorrar un mango.

En USA tienen el Black Friday, que es el día en que te hacen todas las promos juntas. Ojo, que de todas las promos que hacen ese día hay algunas que son de verdad agresivas. Como por ejemplo que te vendan un TV LED de 55 pulgadas con el 70% de descuento porque era el que estaba en exhibición en el local. Eso sí, tenés que estar esperando en la puerta del Mall desde la 1 de la madrugada, aguantar la respiración apretado contra los vidrios de las puertas de entrada durante las últimas dos horas antes de que abran, y después cuando finalmente abren correr lo suficientemente rápido como para no solo llegar primero a encontrar esa promo de puta madre, sino además para evitar que los que vienen atrás te pasen por encima y termines hospitalizado con politraumatismos múltiples por haber sido pisoteado por una estampida humana.

Nosotros no necesitamos todo eso. Nah… nosotros somos argentinos piolas que sabemos que tenemos promos día por medio, y solo tenemos que prestar atención a las conversaciones en el subte, en el colectivo y en el trabajo como para escuchar las promos del día. O bien hojear el diario solo para buscar las solicitadas de los hipermercados y las grandes casas de venta de electrodomésticos y electrónica. O bien caminar por Florida como quien no quiere la cosa mirando no ya las vidrieras, sino mas bien los cartelitos de los descuentos pegados en las vidrieras. O bien entrar en Groupon o anotarnos para que nos manden emails o SMS con las ofertas… y esta última es la categoría en la que entro yo. No la del email sino la del SMS, la del Francés Go. Como tengo cuenta en el Francés una vez me anoté y cada dos o tres días me suelen caer un par de SMS con ofertas del 20 o 30 por ciento de descuento y 3 cuotas sin interés en diferentes tipos de locales. A veces es ropa para chicos, a veces vinerías, a veces casas de deportes, a veces zapatos o ropa como para mí, y así.

Pero vamos a sincerarnos: tampoco es que uno compra al 30% de descuento (más el 6 o 7% que te licúa la inflación en las 3 cuotas)… porque tenés un Costo Financiero por la compra, un seguro de vida por las cuotas, y porque además seguramente lo que estás comprando a 100 mangos una semana antes estaba 80 0 90. Pero parafraseando a Tomás de nuevo: como en este país tenemos una inflación galopante y promos a rabiar, no tenés manera de comparar qué es caro y qué es barato. Entonces a veces terminás mirando el porcentaje de descuento y no el precio de lista.

La cosa es que ayer justo tenía que ir a comprar el regalo de la más chica de las nenas que cumple ocho años este sábado que viene. Y como ella es la coqueta y la mayor es a la que le importa un carajo la ropa, comprarle ropa para el cumpleaños a la más chica equivale a comprarle algo que seguramente va a disfrutar. Como sabía que en el resto de los días de la semana se me iba a complicar como para salir con tiempo para ver algo que comprarle, el día perfecto era el martes al mediodía. Y mirá lo que son las casualidades que justo durante la mañana del mismo martes me cae un SMS del Francés Go con una promo del 30% y 3 cuotas en Mimo & Co para el día siguiente. Claro… una cagada, ¿no? Porque la promo era para el miércoles y yo el día que tenía el tiempo para ir a ver y elegir era el martes. Para el miércoles ya sabía que iba a estar mucho más complicado de tiempos.

Sin hacerme problemas me fui al Mimo de Galerías Pacífico. Entré y no había nadie casi. Tranqui, sin gente, se pudo elegir la ropa y preguntar no a una, sino a dos vendedoras diferentes. Una vez elegido un pantalón, un bucito y una remera, viene la parte en la que hay que darle las cosas a la vendedora y enfilar para la caja. Entonces le digo:

- Una pregunta, ¿te lo puedo dejar reservado y lo vengo a buscar mañana? – y en un exceso de sinceridad agrego – porque mañana es el día de la promo feliz del banco – y le remato la frase con una sonrisa pelotuda no de simpatía sino de “me chupa un huevo todo ya”
- Sí, no hay problema – me dice la mina

Claro, después de todo a ella también le chupa un huevo… bueno, no los tiene, pero quiero decir que le debe importar un sorongo en qué día y de qué manera pague la gente.

Y así fue que hoy en un momento dado me hice una escapada hasta Galerías de nuevo, y antes de entrar veo el cartelito del 30% con Francés Go en la vidriera. Entro y… quilombo. ¿Vieron la película despedida de soltero? ¿La de Tom Hanks? ¿No? Bueno no importa, van a entender igual a lo que me refiero si les digo que solo faltaba el burro jalándose la coca y comiéndose las pastillas de la mesa ratona. Un descontrol era eso.

Tranqui me fui directo para las cajas y cuando me pongo en la cola escucho que están llamando por número. Cagamos. ¿De dónde corno se sacaba el número? Entonces empiezo a buscar a alguna vendedora a la que preguntarle y justo pasa una cerca y le digo:

- ¿Te molesto con una consulta?
- Sí, decime – me contesta, en piloto automático
- Yo ayer vine y dejé reservada una remera…
- … un pantalón y un cárdigan – me dice completando mi frase, y recién ahí me mira y agrega, como si fuera obvio – A nombre de Ariel, ¿no?
- Eá – atino a contestarle con la boca de coté, pensando que yo de pedo me acordaba de qué eran las tres cosas que tenía que ir a buscar, mientras que la vendedora se acordaba de eso y del mamerto que había ido el día anterior… un fenómeno, y pensar que yo suelo olvidarme hasta de lo que cené ayer
- Ya te lo traigo, y después te llaman por número de caja para que pagues
- OK. Gracias.

Y así fue. Me trajo la bolsa, esperé unos quince o veinte minutos porque estaba hasta las pelotas de gente, pagué y salí contento con el regalo de cumpleaños de la más chica de las nenas, y habiendo ascendido un escalón más en la evolución de las promociones con descuentos de la era inflacionaria post segundo milenio en la Argentina.

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