La cercanía de la distancia

A diferencia de lo que indica la lógica, a veces la distancia acerca y otras veces la cercanía aleja. Los hermanos que no paraban de pelear viviendo en la misma casa empiezan a llevarse mucho mejor cuando pasan a vivir separados, y de manera opuesta, parejas que se llevaron fantásticamente bien durante tanto tiempo empiezan a llevarse como el orto a las pocas semanas de compartir el mismo techo. En lo personal, después de terminar el secundario dejé de ver a la gente con la que compartí 5 años de mi vida (e incluso más si tengo en cuenta la primaria), pero sigo en contacto con los amigos con los que compartí estar sentado en el cordón de la vereda. Pero este blog no trata de eso, sino de lo que pasa cuando alguien se va a vivir lo suficientemente lejos, y en mi caso tengo varios casos cercanos...

  • Un amigo se fue a vivir a Canadá hace largo tiempo y actualmente vive en México. Él está tan cerca de nosotros como si viviese todavía en Argentina. Más allá de que a lo largo de todos estos años varias veces viajó a la Argentina para visitar, fueron muchos los años que pasaron desde que se fue. Sin embargo, el fin de semana pasado se casó (en México), y los amigos coordinamos una sesión de Google Hangout durante la fiesta para vernos las caras y poder saludarlo a la distancia. Pudimos vernos las caras pero lo de saludarnos quedó en la nada porque entre la conexión que era una mierda y nosotros que hablábamos todos al mismo tiempo, no se entendió un carajo. Pero aun así, estuvimos con él.
  • Otro amigo se fue a vivir a España después de 8 años de noviazgo a la distancia con una chica de Madrid. ¿Como corno hizo para mantener un noviazgo a la distancia durante tantos años? Solo ellos dos pueden saberlo. El tema es que desde hace 5 años viven juntos en Madrid y nosotros por Facebook seguimos en contacto con la misma regularidad que lo haríamos si estuviéramos viviendo en la misma ciudad.
  • Un miembro de la familia se fue a vivir con su esposa a México también (casualidad) y tuvo familia allá. A la distancia habla prácticamente todos los días por Skype con su Vieja, y día por medio le manda fotos y videos del nene por WhatsApp.

Estamos de acuerdo en que la tecnología hizo su gran aporte en todo esto. Hoy en día podemos contactar a alguien al otro lado del mundo con una video llamada o mandarle un mensaje con una foto que acabamos de sacar. Quizás cueste comparar porque a veces perdemos referencia de algunas cosas, pero hace 10 años atrás todavía había que hacer llamadas internacionales (con el costo que eso implicaba) para hablar con alguien. Y 15 años antes que eso para hacer esas mismas llamadas la comunicación era por saltos de satélite y teníamos que esperar 4 o 5 segundos para que la otra persona respondiera mientras escuchábamos el clásico PIP de la comunicación. O más simple todavía: ¿alguien de los que están leyendo estas líneas se fue a veranear a la costa atlántica y al llegar mandó una postal a algún familiar? Parece que hubieran pasado siglos, pero hace relativamente pocos años de todo esto.

Al margen de las facilidades que nos da la tecnología, la cercanía o lejanía la creamos las personas. Somos nosotros los que nos ponemos excusas para dejar un llamado para más tarde, o demoramos algo tan simple como redactar un correo electrónico para cuando no estemos tan "ocupados".

Si tenés a alguien viviendo lejos y hace rato que no lo contactás, aprovechá ahora. Abrí un email en blanco, empezá a tipear y no pares hasta hacer click en Enviar. O mandá un mensaje por SMS, WhatsApp, Line, Facebook Messenger, iMessage... lo que sea. O levantá el puto teléfono y hacé una llamada. No cuesta nada tipear una línea y media de texto o digitar un número telefónico. Entonces, ¿que es lo que estás esperando para hacerlo?

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