Hacé lo que sea, pero nunca hagas el #ridículo

¿Cuántos de ustedes se tropezaron en la calle con una baldosa medio levantada, y aprovecharon el inesperado “saltito al frente” para iniciar un trote corto hasta la esquina? ¿Cuántos se pararon a esperar a que cambie el semáforo y por pelotudos nomás, medio que perdieron el equilibrio y tuvieron que manotear el cartel de señalización de la calle y se quedaron apoyados ahí, brazo en alto contra el caño, con cara de langa?

Hay personas que no le temen al ridículo, o que tienen una salida ocurrente para eclipsar cualquier situación embarazosa. ¡Bien por ustedes! Pero sepan que en el mundo hay otra casta de gente como el que tipea estas líneas, que lejos de poder tener una salida ocurrente, trata mas bien de buscar la salida más cercana en este tipo de situaciones. Incluso cuando la situación le pasa a alguien que está con nosotros en ese momento, nos lo tomamos casi como algo personal, como si la otra persona estuviera atentando contra nuestra intención de pasar desapercibidos.

Me acuerdo por ejemplo de una vez que hace muchos años con Romi íbamos a cruzar Av. Rivadavia en el cruce con Av. Carabobo, y cuando corta el semáforo y hacemos el primer paso ella tuvo la mala suerte de pisar el borde de la bajada para discapacitados. En aquella época en Capital Federal las bajadas para discapacitados de las esquinas eran de plástico y solían o bien partirse las puntas, o bien romperse el cemento de abajo dejando como unas alas que eran casi una trampa de falso suelo. Bue, este era el segundo de los casos, así que cuando Romi piso ahí prácticamente se fue de trompa al suelo. Yo llegué a agarrarla del brazo izquierdo, pero ella cayó con la rodilla derecha de lleno en el pavimento de la calle.

- ¡¿Que hacés?! - le pregunté yo alarmadísimo, como si ella de pronto hubiese hecho algo tan descolgado como ponerse a bailar una tarantela golpeándose la cabeza con una mano y haciendo el al-don-pirulero con la otra
- Me caí... - me contestó con la poca voz que pudo juntar mientras aguantaba el dolor
- ¡Levantate y crucemos! - le dije, y la llevé rengueando hasta la otra vereda, donde recién ahí le pregunte - ¿Te lastimaste?
- Si, la rodilla, me duele.

No se los voy a negar, la verdad es que cuando me di cuenta de la boludés que había hecho me sentí como el ojete, pero fue más fuerte que yo. Me salió de adentro.

A ver, para que se entienda: la adrenalina es la respuesta del cuerpo para que uno reaccione en una situación de peligro y salga corriendo. El cubrirse la cara con ambas manos o brazos cuando algo se nos viene encima (por más que sea una paloma pelotuda) es la reacción instintiva que tenemos para protegernos de un daño potencial. Y el preguntarle a ella que es lo que estaba haciendo desparramándose en el piso de esa manera, sin previo aviso y en medio de Rivadavia y Carabobo, fue definitivamente mi reacción a un posible papelón.

Otra: en la época que fumaba, y cuando iba a bailar todavía, me pasó de pitar el cigarrillo y que se me pegara a los labios al tratar de retirarlo de la boca. Lo que pasó fue simple: mis dedos siguieron el movimiento pero el cigarrillo no, con lo cual al llegar a la punta, parte de la brasa se salió y me quedó apoyada sobre uno de los dedos. ¿Mi reacción? Como un dandi volví a agarrar el cigarrillo, sin apurarme, me aseguré de apretarlo bien esta vez, lo saqué y lentamente bajé la mano mientras largaba el humo, para sacudirla con sutileza, casi como espantando una mosca.

- Boludo, se te está quemando el dedo... - me dijo mi amigo Rodrigo, a lo que yo sencillamente asentí con la cabeza mientras levantaba una ceja, como si todo el movimiento hubiera sido ejecutado a conciencia Por supuesto, menos de un minuto después estaba en el baño con la mano bajo el agua fría.

¿Que si tengo más de estas historias? Sí, lamentablemente a los que tratamos por todos los medios de evitar el ridículo, nos suelen pasar de tanto en tanto alguna de estas cosas. Pero si nos chupara un huevo, seguramente las mismas situaciones serían como una pavada de todos los días y nos pasarían desapercibidas.

Y ahora me pregunto, como puedo cerrar esta entrada de blog? No estoy seguro, pero mejor corto acá, antes de acotar alguna otra pavada que me haga quedar en ridículo...

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