El #loquito de las #heladeras Parte II | ¡En tu cara @CocaColaAr!

Allá por Marzo de este año escribí una entrada de blog sobre mi infructuosa búsqueda de una botella de Coca-Cola con el nombre de la menor de mis nenas. Si no leyeron esa entrada de blog pueden hacerlo ahora yendo a este link. Vayan nomás y después vuelvan para seguir leyendo esto, yo los espero... bueno, no, pero el sitio no se va a ir a ninguna parte… a menos que me desactiven la cuenta de nuevo porque algún aprendiz de hacker me inyecte código malicioso en algunos archivos como ya conté acá. Como sea… la cosa es que en aquel momento conseguí tres de las cuatro botellas que estaba buscando.

En realidad conseguí algunas más que esas, porque le conseguí botellas a algunas personas con las que laburo, a familiares, a los hermanos de Romi e incluso a la novia de uno de ellos. Pero de las que más quería conseguir, solo pude conseguir tres y la cuarta se me negó che. La busqué como loco pero fue al pedo. Y así las tres botellas (Constanza, Romina, Ariel) quedaron guardadas durante seis meses en una cajonera en la oficina, esperando o bien a que saliera alguna otra promoción de Coca-Cola con nombres, o bien a que se alinearan siete planetas y yo de alguna manera consiguiera la botellita esa. Y resultó ser que al final la astronomía no tuvo nada que ver, y lo que me permitió hacerme no con una botella sino con una lata con el nombre Dolores, fue la tecnología. ¿Cómo? Simple: MercadoLibre.

Hace unas tres semanas se me ocurrió buscar en MercadoLibre si alguno vendía botellas con nombres de la promo de Coca-Cola. Y sí, había algunos que vendían botellas vacías con nombres. La cagada es que ninguno de esos avisos tenía la que yo buscaba. Pero entonces di con uno que vendía latas. No botellas. Latas. Lo más loco del caso es que en las fotos se veía clarita-clarita la lata que yo buscaba, y no solo en un modelo, ¡sino en tres!: Coca común, Coca Zero y Coca Light.

Por las dudas no me mandé directo a hacer la compra sino que le hice una pregunta al vendedor. Pero pasó una semana entera sin que me contestara. “¡A cagar!” dije, y cerré la compra. Ni bien me llegó el email con los datos del vendedor lo llamé al flaco. Era viernes y me dijo:

- No las tengo acá las latas, pero mañana te confirmo.

Supuse que no se había dado cuenta de que era viernes y que por ende me iba a terminar contestando el lunes… y así fue. Cuestión que el lunes de la semana pasada me mandó una foto con las latas de Coca Zero y Coca Light (la de Coca común ya no la tenía). “Vamos con la Zero” le contesté por email y me fui a hacer el pago por PagoFácil.

Hoy me llegó el email de OCA confirmando que el paquete a mi nombre estaba en la sucursal Obelisco. Así que finalmente y después de poco más de seis meses logré reunir las cuatro botellas que quería (bue, OK: tres botellas y una lata). Y si bien con Romi estamos separados y por lo tanto yo ya no vivo en el mismo departamento que las nenas… eso no quiere decir que los cuatro no sigamos siendo una familia. Ya lo decía Barney en su canción:

Una familia es gente
y una familia es amor,
eso es una familia.
Hay de todo tamaño y tipo.
Pero la mía es justo la que necesito.
La mía es justo la que necesito.

Y retomando el tema de las botellas de Coca, ¿qué digo yo a todo esto? Yo digo…

 

¡TOMÁ COCA-COLA! ¡EN TU CARA! ¡TOMAAAAAÁ!

 

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