Choque y vuelco en la #AULAPLATA, Parte I

Es interesante la manera en la que nuestro cerebro procesa las cosas en los momentos de mayor adrenalina. Si nos guiamos por The Matrix, somos una pila alcalina. Si nos guiamos por ¿What the bleep do we know? somos una marea de fluidos químicos. Y si nos guiamos por las viejas del barrio, somos de lo que no hay wink

Y así como nuestro cerebro procesa lo que pasa a nuestro alrededor, algunas veces las situaciones se precipitan con una velocidad asombrosa y otras veces por el contrario parece que fuéramos en cámara lenta, siendo conscientes de todo y disponiendo del tiempo suficiente para pensar todas y cada una de las cosas que están pasando. Esta entrada de blog es sobre uno de estos últimos casos. Es algo que me pasó hace unos cuantos años.

Lo que quiero aclarar es que no voy a exagerar nada. Todo lo que lean es real. Lo fue para mí y lo cuento tal y como lo viví y como lo analicé. Vistos en retrospectivas algunos pasajes de esta anécdota resultan un tanto graciosos, pero nuevamente les aclaro que no voy a exagerar nada y que todo lo que cuente a continuación es exactamente como lo recuerdo. Y voy a tener que partir todo esto en varias entradas de blog, no solo porque sino se va a hacer demasiado largo, sino además para generar cierto suspenso cheeky

Hace unos 17 años atrás yo vivía todavía en la zona sur del gran Buenos Aires en la casa donde crecí, y todos los días venía a Capital Federal en auto para laburar. Al principio venía e iba en el 159 (el blanquito), en el 22 o en el 148 (el Halcón). Pero después tuvimos un segundo auto en casa y lo compartíamos con mi hermana: un 205 XS blanco que era una verdadera joyita. Andaba de puta madre y tenía una pinta bárbara. Más abajo les dejo una foto.

Yo entraba a laburar a las 8 en esa época, y a esa hora y en aquellos tiempos el tráfico no era la locura que es hoy (y no quiero saber lo que va a ser dentro de algunos años más). Además en aquellos tiempos la Autopista a La Plata (AULAPLATA) era de sólo 2 manos de ida y 2 manos de vuelta. No como ahora que son 4 carriles.

Esa mañana llovía a cagarse, así que yo iba muy tranquilo a 60 por la autopista, en el tramo que está entre el Wal-Mart (Auchán si lo prefieren) y el peaje de Dock Sud. Me acuerdo que iba clavado en 60 porque estaba con 4ta apenas puesta, y por la manera en que llovía no daban los limpiaparabrisas para liberar el agua que caía, aún en la velocidad más rápida de barrido.

Mientras iba manejando me empecé a fijar en las películas de agua que se generaban al pasar el agua de la otra mano a la mano rápida del carril izquierdo a través de los agujeros cuadrados en la base del paredón central. A ver, lo vuelvo a explicar porque es importante esto: los viejos paredones que dividían las manos de la AULAPLATA eran provisorios y por ende, diferentes a los actuales. Esos paredones eran bloques individuales que tenían en la parte del medio (en la base) un agujero cuadrado que cumplía la función de dejar que el agua drenara de una mano a otra de la autopista para evitar los badenes de agua. En la foto de más abajo se pueden ver algunos de esos viejos paredones que todavía sobreviven en el tramo cercano al peaje de Dock Sud.

Como les decía, venía viendo como a través de esos agujeros pasaba el agua desde la mano contraria y se formaban películas de agua en mi mano, la mano izquierda. Todo iba bien hasta que llegué a una parte en la que faltaba un tramo de paredón, donde había en su lugar unos conos naranjas con cadenas plásticas. Eso estaba así para permitir que el personal de la autopista ante una emergencia pudiera correr esos conos y pasar de un lado al otro. En esa época las grúas todavía no se transformaban en Autobots ni tenían letras en el volante como el Mach 5.

En esa parte el agua también pasaba desde el otro lado, pero en vez de ser una película fina de apenas 10 cm. de ancho, era del mismo ancho del pedazo de paredón faltante (¿serían unos 2 metros?). Evidentemente el 205 no venía muy bien de cubiertas, porque la realidad es que en condiciones climáticas normales tanto mi hermana como yo manejábamos a los pedos, y como el auto no pesaba un corno y era un pedo líquido, después había que tirar paracaídas y ancla para frenarlo.

Entonces al auto, que hasta ese momento venía muy estable, derechito por la mano rápida y a 60 km/hora clavados, le pareció que era una buena idea perder adherencia en las ruedas delanteras y lanzarse a danzar como si estuviese patinando sobre hielo. Mágicamente la trompa se corrió unos 15 grados a la derecha, y lo primero que atiné a hacer fue mover suavemente el volante hacia la izquierda para tratar de corregir el chistecito que acababa de mandarse el 205. Al pedo che. En ese momento el volante era tan útil como el de los autitos de la calesita de la plaza. Lo podés mover para donde se te ocurra que no vas a ganar nada. Y lo mismo pasó en este caso. El auto siguió patinando lenta y alegremente en dirección al paredón de la mano derecha.

Continuará...

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