Cadena de mensajes | #WhatsApp como la evolución del #email

¿Alguna vez vieron la película Cadena de favores? Trabajan Kevin Spacey, Helen Hunt y el nene de Sexto Sentido ¿No la vieron? Yo tampoco, pero vi el avance en su momento y entendí de qué trataba la cosa. Era un profesor de colegio que alentaba a sus alumnos a empezar una cadena de favores. Así, ellos le hacían un favor a alguien con la consigna de que esa persona a su vez le hiciera un favor a alguien más, y así sucesivamente. Tiempo después hubo un programa de TV en Argentina que se llamó igual (y entiendo que perseguía lo mismo) que estuvo conducido por Mario Pergolini y Verónica Lozano. Bue, esta entrada no tiene nada que ver con las cadenas de favores, sino más bien con las putas cadenas de mensajes en las que la gente suele engancharse para rompernos los huevos a todos los que creemos que eso es una gran boludés.

Hace años las cadenas de mensajes empezaron por email. Hordas de pelotudos reenviando emails donde te prometían que si le enviabas el mensaje que acababa de llegarte a al menos X personas ibas a obtener algo a cambio. X solía ser un número de gente sutilmente balanceado entre un buen porcentaje de imbéciles iguales al que enviaba email (y que por ende iban a repetir el mismo estúpido accionar) y un número menor pero representativo, de pobres gansos que recibiríamos la misma pelotudés una, dos, o una cantidad de veces directamente proporcional al número de imbéciles que tuvieran agendado nuestro email. Las más relevantes de estas cadenas de emails pueden verlas y recordarlas en La papeleta de Kaya.

Al poco tiempo a estas cadenas de falsos correos electrónicos se las comenzó a conocer con el nombre de Hoax, que quiere decir engaño en inglés. Hay una película que lleva ese nombre (que se tradujo al español como “La gran estafa”), que no tiene que ver con los emails, pero en la que Richard Geere personifica a Clifford Irving, un periodista que supuestamente había trabajado junto con Howard Hughes para ayudarlo a escribir su supuesta autobiografía. La historia está basada en la realidad. Y para el que no lo conozca a Howard Hughes, es el multimillonario que Leonardo DiCaprio personifica en la película “El aviador”. Mierda que estoy a full con las películas hoy. Como sea… sigo…

Con el tiempo vinieron los celulares, y con ellos los mensajes de texto… y a algún genio (seguramente a alguien que trabajaba en una empresa de telefonía celular) se le ocurrió la feliz idea de iniciar cadenas de mensajes por SMS. ¡Que maravillosa idea! Claro, porque si algo no falta en este mundo son mamertos que al recibir un mensaje de texto que les dice que reenvíen ese mensaje a toda su lista de contactos, no dudan en consumir todo su crédito reenviando ese ridículo mensaje con la esperanza de que el gauchito Gil les dé bonanza, que San Cayetano les dé trabajo, que reciban una noticia por mucho tiempo esperada, o que el fin de semana se puedan empernar a una bestia de esas que sólo se ven en Sports illustrated.

Por suerte con el tiempo los idiotas evolucionaron y si bien no dejaron de ser del todo idiotas, empezaron a quedarse sin crédito y las cadenas de SMS consecuentemente fueron menguando. Pero la tecnología siguió avanzando, y con el tiempo llegó el WhatsApp, y los planes de datos con Internet ilimitado, y los proveedores hogareños de Internet que por unos pocos mangos adicionales de costo de instalación te dejan un cablemodem (o modem ADSL) con Wi-Fi, como para que puedas navegar sin costo en tu celular y si, volver a romperle las pelotas a todos tus contactos con cadenas que prometen paz, salud, felicidad, prosperidad, bonanza, alegría, dinero, sexo, o que un desconocido te dé la mayor alegría de tu vida. Me detengo un segundo acá porque, ¿qué mierda puede decirte un desconocido que supere a un momento como el nacimiento de tus hijas por ejemplo? Posta. ¿Quién en su sano juicio puede creer tamaña paparruchada? Pero aun así los pelotudos como yo una vez más volvimos a ser blanco de cadenas (en este caso de mensajes de WhatsApp).

Y en medio de todo esto hubo alguien que la tuvo clara. Creo yo que fue alguien que un día le dijo a un amigo “Vas a ver como hago que el 80 porciento de los contactos de WhatsApp de cualquiera, tengan la misma imagen”. Y así debe ser como nació la ranita de WhatsApp. El mensaje, por si son de los pocos que no lo recibieron en su momento, o por si son de los aún más pocos que estando leyendo una entrada de blog no tienen un Smartphone, decía:

¿Te gustan los juegos? Vamos a jugar… Si contestás mal vas a tener que poner la foto de la rana en tu perfil por 24 horas. Ya vas a ver que al final casi todos tus contactos van a tener la misma foto. Empezamos: estás todavía durmiendo tranquilamente en tu cama cuando de repente golpean a tu puerta. Son tus amigos, a las 7 de la mañana para un desayuno sorpresa. Tenés en casa mermelada, queso, café y embutido. ¿Qué abrís primero?

La respuesta es “los ojos”, porque tal como dice el texto, estás durmiendo. En mi caso contesté “la puerta”, así que tuve que poner por 24 horas a la ranita como mi foto de WhatsApp. No le reenvié el mensaje a nadie más, pero puse a la ranita por la persona que me había enviado el mensaje. Cada quien tiene sus motivos.

Lo de la ranita tuvo su gracia. Yo pensé que iba a ser el disparador de una sábana de mensajes del mismo tipo, con diferentes consignas e imágenes, pero no. Ahí quedó la cosa, al menos hasta ahora. El problema es que desde hace un par de meses empecé a escuchar gente que menciona haber recibido alguna cadena de mensajes. Yo hasta el momento me había salvado, pero hoy volví a estar en la lista de destinatarios de una cadena… en este caso, de mensajes de WhatsApp. El motivo de la cadena o quién me lo haya enviado, es lo de menos. Lo importante es que marca un quiebre, un antes y un después. Porque a partir de ahora lamentablemente ya nada va a ser igual.

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