#Argentina, #Brasil, #Qatar, #Manila: #4cenas en #MenosDeUnDía

Estoy sentado enfrente de la Puerta c11 del Aeropuerto Internacional Hamad de Qatar, esperando para tomarme el vuelo que sale a Manila, que es mi destino final. Y lo peor de todo es que tengo a tres metros mío, sentado en la hilera de atrás, a un flaquito escuchando música india por el speaker del celular. En Argentina me tengo que fumar a los que van escuchando reggaetón o cumbia villera por el speaker del celular o, peor aún, llevando un parlantito Bluetooth en la mano, y me viene a tocar uno acá que hace las mismas gansadas.

El viaje este no estaba programado. La semana del feriado del 1 de mayo (o sea: hace menos de 15 días) me mandó un email el líder de uno de los equipos globales de los que formo parte en el laburo, diciéndome que tenían un workshop de una semana en Manila para hablar de temas del próximo año fiscal, y que se había dado cuenta en ese momento que yo no estaba en la lista de gente que iba a ir. Así, de la nada, en dos días ya tenía las autorizaciones necesarias, los pasajes y la reserva del hotel. Encima este fin de semana que pasó, teníamos un evento de la empresa ya pautado para los días viernes y sábado, y yo no me lo quería perder porque iban a verse cosas muy piolas. Así fue como después de tener que irme el viernes bien tempranito a una finca en Brandsen, el sábado a la tarde me pasó a buscar un remise para llevarme directo al aeropuerto porque mi vuelo rumbo a Filipinas salía a las 23:25.

Para colmo me mandé la boludés de llevarme una valija exageradamente grande en lugar de un carry-on que tengo, pensando que la ropa no me iba a entrar, pero ni bien bajé esa valida del orto en la finca de Brandsen debajo de la lluvia, me di cuenta de que ni en pedo iba a poder acarrear ese bodoque de mierda conmigo durante el viaje a la otra punta del mundo. A todo esto, se sumaron los mosquitos. Pero no cualquier mosquito... no, unos mosquitos hijos de mil putas que no se mueren con el frío y que siguen volando después de que los estroles dos veces contra el vidrio (posta, me pasó).

Como si lo hubieran hecho a propósito para que yo terminara de darme cuenta de mi error, la cabaña que nos dieron a los cuatro que fuimos de mi equipo, estaba prácticamente en el terreno de la finca de al lado. Había que pasar las cabañas que se veían desde la recepción, llegar al estacionamiento, doblar ahí y caminar hasta el fondo de todo, y justo donde sentías que el viento doblaba, doblabas vos también. Y después de caminar un poco más, llegabas a la cabaña. Decí que estaba muy buena. Amplia, limpia, espaciosa, y con dos habitaciones. Diego y yo en una, y Maxi y Gastón en la otra.

La cosa es que el sábado a las 17 me pasó a buscar un remise por Brandsen, de ahí tuve que hacer una escala en Bernal, para cambiar las cosas de la valija inmanejable al práctico carry-on, y de ahí seguimos rumbo a Ezeiza. Y en todo este viaje aproveché para ir haciendo remotamente junto con la más grande de mis nenas la tarea de inglés, que la tiene que presentar en la semana.

El avión salió a horario, e hizo escala en Brasil, desde donde le pegó directo a Qatar. 17 horitas de punta a punta, y todavía me faltan 8 horas de vuelo más, hasta Manila. No tengo tanto quilombo con las horas hasta ahora porque me mantuve despierto hasta que salimos de Brasil y recién después de eso aproveché para dormir como 8 o 10 horas (no me fijé exactamente a qué hora salimos de Brasil, así que no sé). Con lo que vengo enquilombado es con la comida. Me dieron de cenar cuando el avión salió de Argentina, y después cené de nuevo cuando el avión salió de Brasil. Ahí me dormí, y en un momento me despertó la azafata para preguntarme si quería un sándwich, pero le dije que no y le pedí en lugar de eso un vaso de jugo de naranja. Seguí torrando y para cuando me volví a despertar, estaban sirviendo otra comida, pero no sé qué mierda sería. A ver, si me guío por la lógica, era el almuerzo. Pero después de esa comida me miré otra película y al toque de que terminó estábamos bajando en Qatar, siendo la hora local las once de la noche más o menos.

Entonces; volé 17 horas y me dieron 3 cenas y 1 snack (que no quise). Y cuando sean las 2:55 y me suba al avión que me llevará a Manila, posiblemente me den de cenar por cuarta vez en 21 o 22 horas... casi un día entero. Me pregunto si me darán de de almorzar antes de bajar, porque llego a las 17:30, hora de Filipinas, y por si me paso del almuerzo, voy a terminar teniendo mi quinta cena. Mi reloj biológico tiene un quilombo importante encima, pero no por las horas de sueño, ¡sino por el horario del almuerzo!! Tengo que cortar porque ya están empezaando a abordar mi vuelo a Filipinas.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Marcá el cuadro de abajo para seguir.