Año nuevo en la arena

Este año por primera (¿y única?) vez pasamos el año nuevo con mi señora y las nenas en la playa. Aprovechando que las fiestas cayeron en miércoles y jueves, y que metieron este feriado puente turístico del 26 de Diciembre, yo me tomé 5 días de vacaciones y me hice 15 días, de los cuales pasamos una semana en la costa... justamente la semana de fin de año.

En la noche del 31 nos fuimos a cenar a una parrilla salteña de Villa Gesell sobre Pasaje 105 a media cuadra de la 3, porque dentro de los que averiguamos además de tener lugar era el que tenía el precio más lógico. Lamentablemente terminó probando NO ser la elección más acertada, pero bue...

Nosotros estábamos parando en otro balneario de la costa Atlántica y nos fuimos a Gesell porque nos gusta a ambos. Yo pasé toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia veraneando en Mar del Plata, que es verdaderamente una ciudad. Durante su adolescencia mi señora veraneó en Uruguay. Aun así si bien Villa Gesell es algo mucho más chico, tiene al mismo tiempo todo lo necesario. No le falta ni le sobra nada. Ojo, también estuve parando en San Bernardo, San Clemente y Mar de las Pampas... y sinceramente tanto mi señora como yo preferimos Gesell.

Mientras cenábamos íbamos viendo pasar gente para el lado de la playa, ya desde las diez y media de la noche. Terminamos de comer y nosotros también nos fuimos para allá. Cuando llegamos (a eso de las 23:55) nos dimos cuenta de que toda esa gente había ido con heladeritas, reposeras y lonas, como si fuesen las 4 de la tarde. Las únicas diferencias eran que en vez de tener la malla puesta estaban con ropa de calle, y que en vez de gaseosas y leche chocolatada en las heladeritas tenían botellas de champagne yes

A partir de un minuto antes de las doce ya se empezaron a hacer oír los ¡Pup! de las botellas que iban siendo descorchadas. Y a las doce en punto todos empezaron a saludarse a gritos por el año nuevo, a brindar y a prender los fuegos artificiales.

Lamentablemente a mis nenas les dio un cagaso de novela el estar justo abajo de donde salían todas las baterías de fuegos artificiales. Para ponerlos en contexto, mis nenas tienen tanta tierra y aventura encima como una lombriz en la maceta plástica de un cactus. En mi infancia yo jugaba a la pelota con cascotes en la calle, pasaba los veranos enteros en la playa, iba a pescar a la laguna de Chascomús y me metía en los terrenos baldíos a jugar a Brigada A. A mis nenas les tocó en gracia un departamento con balcón, y un padre que le cuenta de cuando jugaba en el barrio como si fuesen leyendas urbanas.

La cuestión es que una vez que nos fuimos más lejos de la zona donde el mar llega a la arena y nos acercamos mucho más a la pasarela de madera que armaron donde en algún momento fue la 1 (o costanera), se calmaron un poco y pudimos disfrutar del resto de los fuegos artificiales.

A quien no lo haya hecho antes, le recomiendo la experiencia de recibir el año en la playa. Está de puta madre. Si por mi fuera lo empezaría a hacer todos los años. Lo único que tengo que tener en cuenta en algún año venidero, es llevar la heladerita con las botellas de champagne, y parar en el mismo balneario donde después vaya a la playa a recibir el año. Simplemente para no tener que evitar tomar por tener que manejar después.

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