¿Te molesta el #tráfico de #BuenosAires? Andate un par de días a #Manila para que se te pase...

Son las 23:06 del martes en Manila, lo que significa que en Buenos Aires son las 12:06 del mediodía del miércoles, y yo aprovecho para tipear unas pocas líneas de lo mi perspectiva hasta ahora de Manila. Tal como había anticipado, en el viaje cené 4 veces en menos de 24 horas. Y no contento con eso, me di el lujo de rechazar el único almuerzo que me ofrecieron, cuando estaba a 40 minutos de aterrizar en el aeropuerto internacional Ninoy Aquino. El aeropuerto queda a 11,2 km. de distancia del EDSA Shangri-La, que es donde me estoy hospedando. Según Google, en el momento en que escribo estas líneas uno podría recorrer esa distancia en 26 minutos. Sin embargo, al auto en que hice ese mismo recorrido le tomó casi dos horas y media. No es joda. Salí del aeropuerto apenas pasadas las 17, y no llegué al hotel hasta las 19:30. Mirá lo que habrá sido el viaje que a pesar de haberme dormido 8 o 10 horas en el primer vuelo, y unas 5 o 6 en el segundo, aún así me quedé dormido otra vez.

Cuando llegué a mi habitación traté de contactar a alguna de las personas de la empresa que llegaron durante el fin de semana y que se hospedan en el mismo hotel, pero tuve la mala leche de que justo salieron a cenar 15 minutos antes de que yo llegara, y para el momento en que les mandé un WhatsApp ellos ya no estaban en el hotel y, por ende, no tenían señal.

Bajé al lobby para saludarlos y vernos las caras en persona por primera vez en más de 5 años, y después de menos de 10 minutos de hablar de no mucho, me avisaron que si quería cenar en el hotel, tenía que hacerlo antes de las 22 que es cuando cierra el buffet de la planta baja. Es muy loco tener la posibilidad de conocer cara a cara a gente con la que hace más de cinco años que hablo todas las semanas. Me pasó lo mismo cuando viajé a Chicago, pero no por eso deja de llamarme la atención.

Pero retomando el tema, por suerte el hotel incluye una comida al día (desayuno, almuerzo o cena). Aunque, tal como me lo suponía, no iba a encontrar mucho que comer. Soy un poco quisquilloso con la comida, no voy a decir que no. Pero ese no es el tema. El tema es que no me puedo mandar a comer cualquier cosa a riesgo de terminar dos o tres días encerrado en un baño, cagando líquido.

Después de dar una vuelta para ver lo que había, terminé sirviéndome dos fetas de algo muy parecido a nuestro salchichón primavera y otras dos de algo que se parecía a nuestra paleta. Agregué un par de pedazos de queso que parecía ser reggianito, y terminé de decorar el plato con rúcula (o eso creo que era), zanahoria cortada en daditos, queso rallado en hebras y aceite de oliva.

Entonces vuelvo a la mesa y viene el mozo y me pregunta qué voy a tomar, y no tengo mejor idea que decirle "water". El tipo me pregunta algo respecto del agua, que por supuesto no le entiendo (no sé si por su pronunciación o por el ruido ambiente en el lugar), y yo le digo: "yes, just water" (si, sólo agua). Al toque me arrepentí porque se me ocurrió que si el agua era filtrada y no de botella, entonces podía llegar a pasar los próximos dos días con un pañal para adultos y hablando desde afuera de la sala de reunión para evitarle al resto los aromas indeseables. Pero, ¿podés creer que el muy hijo de puta del mozo me trajo una taza tamaño Starbucks con agua caliente, en un plato y con una cuchara? Cuando el tipo se piantó, yo me quedé como un pelotudo mirando la taza con la única tranquilidad mental de no tener que hacerme problema por la cagadera después de todo.

Después de comer ese plato, que más que plato era una entrada, fui directo a la parte de los postres para volverme con una bochita de helado de Caramel (algo vagamente parecido a nuestro helado de dulce de leche), con unas cuantas monedas de chocolate amargo. Con algo tenía que ayudarme a terminar de tragar el queso y el pasto que acababa de comer. Lo bueno es que en la habitación yo ya había visto dos botellitas de agua con un cartelito que dice, en inglés, que son de cortesía y, por lo tanto, no hay que garparlas. Una me la clavé cuando volví a la habitación y la otra me la llevé hoy a la oficina. Pero al final no me la tomé porque había Coca Light. Como sea, me la estoy tomando ahora, y tengo dos botellitas nuevas que me dejaron cuando vinieron a ordenar el cuarto mientras yo no estaba.

¿Qué es lo que más me llamó la atención de lo poco que pude ver de Manila en mis trayectos aeropuerto-hotel, hotel-oficina, oficina-tenedorlibre? (el tenedor libre es donde fuimos a cenar hoy, pero créanme que comí menos ahí de lo que comí ayer en el buffet del hotel) Lo que más me llamó la atención fue, cómo no, el tráfico. ¡Bo-ludo! ¡Es terrible! Para que se den una idea, cuando salimos del estacionamiento donde el líder del proyecto tenía el auto, estuvo manejando 15 minutos en medio del tráfico hasta que, en una acelerada propia de un jubilado, las puertas se trabaron. ¿Me explico? Estuvimos andando 15 minutos en medio del tráfico (no exagero, posta que fueron 15 minutos), hasta que pudo superar los 30 kilómetros por hora a los que su Toyota cierra automáticamente las puertas. ¡Cuando yo arranco el auto generalmente las puertas se traban solas antes de que ponga segunda!

Lo peor de todo fue que el muchacho este se equivocó en un giro, y tuvo que hacer 6 cuadras más hasta que pudo hacer un giro en U para retomar. Claro que esas 6 cuadras de ida y 6 de vuelta significaron otros 15 minutos de tráfico. ¡Aaaaaarggggg!

Bue, suficiente por hoy. Es hora de que me acueste y empiece a contar… autos, no ovejas.

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