¿Estás bien? | Juntando puntos para la #LicenciaPsiquiátrica

Anteriormente (en esta entrada de blog para ser más específico) estuve recordando algunos de los jefes que tuve hasta el momento, y después aproveché para filosofar un poco sobre lo que es el laburo y lo que representa para mí. No voy a volver sobre lo mismo por supuesto, pero como esta entrada de blog mantiene cierta relación con aquella otra, por las dudas me cubro antes que se crean que estoy desvariando y que hablo siempre de lo mismo. Bueno, ahora que lo pienso, lo de atajarme comentando eso y lo de que piensen que desvarío no son necesariamente excluyentes entre sí. Bue, como sea, sigo.

Actualmente en la empresa y el puesto en el que estoy, formo parte de dos equipos de trabajo que si bien mantienen cierta relación entre sí, hacen cosas diferentes. El primero es un equipo de operaciones que da soporte de plataformas (lo que se conoce generalmente como sysadmins). El segundo es un equipo dedicado a proyecto específico, con fechas y metas definidas. O sea: operaciones por un lado, proyecto por otro. Además de eso tengo algunas otras asignaciones (tanto formales como informales), pero lo que más tiempo se lleva es lo que comentaba antes. Más o menos lo mismo que puede pasarle a varios de los que están leyendo estas líneas.

Como miembro de estos dos equipos tengo la suerte no solo de tener un jefe que es un fenómeno (y no lo digo para quedar bien, porque él no lee este blog), sino que además en ambos equipos hay gente muy piola con la que no solo me cago de risa en el día a día, sino que además es gente muy capaz y eso me permite aprender siempre algo nuevo. Como si esto fuera poco, en algunos otros de los equipos con los que interactuamos hay también gente brillante. Es un lujo laburar así, ¿no les parece? Sí, es cierto.

Pero tampoco todo es color de rosa, porque siempre hay cosas que no están tan buenas como uno quisiera, o gente mala leche con la que a uno no le queda otra que interactuar. Son los menos y contados con los dedos de una mano, pero los hay. Sumado a eso, vengo muy complicado con los horarios. Suelo llegar al laburo a las 8 de la mañana, y 7:30 los lunes porque si trato de tomar el blanquito a la hora de siempre, los lunes no me para. Por otro lado, suelo salir del laburo entre las 19 y las 20. Un par de días a la semana trato de ir al gimnasio por más que no quiera, y el resto de los días la veo a las nenas. Claro, en otras circunstancias el tener que dedicarle tanto tiempo al laburo hubiera sido motivo de separación, pero en este caso no porque justamente me separé en el momento en que el proyecto empezaba. Aunque no por esto, dicho sea de paso.

Encima cuando salgo del laburo, como tengo el email en el teléfono y laburo con gente de otras regiones, suelo seguir leyendo y respondiendo emails hasta que me acuesto. Y cuando me levanto en la mañana, mientras me tomo un café cortado aprovecho también para sacarme de encima algunos emails como para llegar a la oficina con la bandeja de entrada no tan llena. En síntesis, hay días en los que laburo entre 12 y 14 horas. Y no me refiero a casos excepcionales, sino a que esto es cosa de dos y hasta tres veces por semana.

Por supuesto, con el panorama que les acabo de mencionar, vengo un tanto quemado, y encima como ya conozco bastante a muchas de las personas con las que trabajo (sean de acá o de afuera), cada vez tengo menos filtro. Después de todo, si además que vengo quemado encima no la pasara bien, entonces me tendría que cortar las pelotas, ¿o no? Porque más allá de la cantidad del laburo, realmente disfruto lo que hago. Si, bueno, siempre hay cosas o situaciones que uno preferiría evitar, pero en reglas generales me gusta mucho lo que hago.

Cuestión que ya entré hace un par de meses en lo que llamo la modalidad “buscando una excusa para la licencia psiquiátrica laboral”. No lo digo en serio. Justamente, es lo que le digo a mi jefe en joda como para excusar mis divagues. Entiendo que haya personas que realmente requieran de una licencia psiquiátrica laboral, pero me parece que muchas otras personas se valen de las vueltas de nuestra ley laboral y de las presiones que pueden meter algunos sindicatos, como para vivir algunos meses sin laburar mientras toman sol o se la pasan de visita en las casas de familiares y amigos, y publican fotos en Facebook de lo bien que la están pasando (cualquier semejanza con la realidad no es una coincidencia). Todo eso sin dejar de cobrar su sueldo a fin de mes, obvio.

Pero volviendo al tema, la vez pasada entré en una call (me refiero a reuniones por voz sobre IP… o sea, como por teléfono pero como la computadora) que tenemos programada de manera recurrente con un par de equipos de USA. Resulta que entré unos minutos tarde y justo me estaban esperando todos, en parte porque soy el que organizó esa reunión recurrente, y en parte porque había un par de temas que querían charlar conmigo. Entonces así como entro digo:

- Hola, perdón por la demora. Lo que pasa es que algún día me gustaría ser una estrella de rock, pero como todavía no puedo serlo al menos estoy empezando a llegar tarde a todas partes.

Del otro lado, silencio. Evidentemente no entendieron mi exquisito sentido del humor.

Otra: hace una semana, el día que operamos a la perra y que después fui a la clase abierta de inglés de la más chica, cuando volví a la oficina previo paso por los chinos para comprarme algo de morfar, me estaban esperando por un problemita técnico que había surgido como parte del proyecto. Mi jefe me venía mandando mensajes por WhatsApp, jodiéndome porque como se imaginarán, él también viene quemado solo que mantiene la compostura un poco mejor que yo. Así como llego, me saco la campera, me pongo el headset (auriculares con micrófono) y me arrastran a la call. Me cuenta uno de los chicos del equipo cuál era el quilombo, y entonces tengo la suerte de suponer por donde podía venir el tema. Entonces les comparto la pantalla y empiezo a entrar en un equipo remoto para validar un par de cosas. Mientras esperaba a que se estableciera la conexión, empiezo a cantar por lo bajo la canción de Batman:

- Tara-rara-rara-rara, tara-rara-rara-rara… ¡Batman! – Del otro lado, se entran a cagar de risa, y mi jefe dice...
- En serio, me estoy empezando a preocupar por tu salud mental.

Sigue la conversación y en medio de una explicación que estoy dando vuelvo a tener que esperar por algo que estaba haciendo, y me viene a la cabeza “Over the rainbow”, así que la empiezo a cantar por lo bajo…

- Sooooomewheeeere, ooooover the raaaaaainbooooow, blueeeeeebiiiirds flyyyyy…
- En serio – comenta mi Jefe – si estás buscando testigos para tu licencia psiquiátrica, olvídate, porque yo me voy a encargar de desmentir todo.

No voy a seguir contando pavadas de estas porque hay muchas, de las más variadas. Como dije, a muchas de las personas con las que laburo ya las conozco, sean de acá o de afuera, y por ende tengo la confianza como para mandarme casi cualquiera.

Pero lo mejor se dio este lunes. Tuve una mañana bastante entretenida (como suelo decir), con una call tras otra, todas enlazadas y sin parar. Incluso teniendo que disculparme para salir de una call que se extendió un poco, para poder llegar a la siguiente, tarde por supuesto. Ya cerca del mediodía una de las calls termina casi diez minutos antes de lo establecido, así que aproveché para ir a la cocina a vaciar el mate, cargar el termo con agua caliente e ir al baño. Cuando termino de hacer 1 en el baño (con esto me estoy refiriendo a mear, pero como queda feo entonces digo “1”), me lavo las manos y de paso me mojo la cara con agua. Cuando estoy agarrando un poco de papel entra justo uno a lavarse las manos. Yo sigo en la mía y me seco la cara con el papel, y me lo paso después por toda la cabeza y por la nuca (si miran el logo del sitio recordarán que no tengo pelo). Entonces en ese momento veo que el flaco me mira medio de reojo…

- Hola.
- Buenas… – le contesto, después de todo uno suele saludarse dentro de una oficina con gente que no conoce por cortesía, pero entonces el flaco hace una pausa y todavía mirándome de reojo me dice
- ¿Estás bien?
- Si – le digo aguantándome la risa – Muchas calls, nada más. Pero gracias por preguntar – y salgo del baño

Así como salí fui hasta el escritorio de mi jefe, que me queda de paso, y aproveché para contarle lo de la pregunta del flaco del baño.

- ¡La puta madre! – me dice – Ya tenés tu primer testigo para la licencia psiquiátrica.

Y conste que eso fue el lunes a la mañana… cheeky

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