¿Esa #puta #mierda de trabajo?

¿Cuántas veces puteamos con nuestro trabajo? Si, bueno, están los que no se cansan de decir que si trabajás en lo que verdaderamente te gusta, entonces no vas a tener que trabajar un solo día de tu vida, OK... si, eso es buenísimo para un libro de autoayuda. Igualmente yo trabajo en algo que me gusta. Aunque creo que si tuviera que elegir un trabajo ideal, estaría relacionado con perros o con juguetes para chicos. Pero eso no quiere decir que no disfrute mi trabajo. Tampoco les voy a decir que no haya días que preferiría evitar, pero en el balance final es mucho más lo que disfruto haciendo mi laburo que lo que lo sufro.

Y haciendo memoria, tuve la posibilidad de laburar con gente muy piola de la que aprendí mucho verdaderamente. Tuve la suerte de que nunca me tocó un jefe hijo de puta. Si, puedo decir que todos mis jefes fueron justos y coherentes. Y hubo un par en particular que marcaron mi carrera laboral, cada uno a su modo de manera.

El primero fue Simón, un mendocino mal parido (tal como yo mismo le he dicho en la cara en más de una oportunidad) me enseñó la importancia de plantarse por la gente con la que uno trabaja. Me demostró que cuando uno hace las cosas bien, no importa quien venga a cuestionar tu trabajo siempre y cuando tengas un jefe que responda por vos. Y me lo enseñó con el ejemplo, y eso mismo es lo que yo trato de hacer día a día. Simón también me solía decir:

- Vos pendejo, quedate calladito que así pareces más piola.

Un verdadero hijo de puta, pero en el mejor sentido de la palabra, porque aclaro para el que no sea Argentino que nosotros solemos usar términos como "boludo", "pelotudo", "hijo de puta" o "forro" tal como un gringo podría usar "nigger" o "bitch". O sea, tanto para bien como para mal.

El otro jefe que dejó su marca fue Sebas. Era más joven que yo que en ese momento tenía 29 años, y me enseñó, también con el ejemplo, la importancia de darle rienda a la gente para que corra sola. No es que él fuera un inconsciente, sino que después de tantear como me desempeñaba yo en el laburo, hizo su voto de confianza y me dejó hacer lo mío a mi manera. Fue el que me dijo que a él no le importaba cuanto tiempo yo estaba en la oficina, mientras que mi trabajo estuviera hecho.

Años después de trabajar con ambos, tuve que darlos como referencia como parte del proceso de selección para mi laburo actual. Simón me llamó y me dijo algo así como:

- Che, me llamó una piba de %EMPESA% para que les mande referencias tuyas. Decime que necesitas que diga, y yo lo firmo.
- Jefe, - porque hasta el día que se lo llevó un cáncer galopante seguí llamándolo "Jefe", así con mayúscula - se lo agradezco, pero dígale lo que usted crea conveniente
- Pero que pelotudo que sos pendejo... - me contestó, se rió y agregó - Está bien, despreocupate

Sebas me llamó también, y la conversación fue algo así:

- Me llamaron de %EMPRESA% para pedirme referencias tuyas. ¿Vos estás en una búsqueda activa con ellos?
- Si, si. Está bien, podés darles información Sebas.
- Ah, bárbaro. Yo quería saber que fuera cierto antes que darles cualquier dato. Desde ya te anticipo que todo lo que tengo para decir es bueno.

Y después de lo que ambos me dijeron me sentí confirme conmigo mismo, porque me hicieron saber que yo también había cumplido con mi parte. Habiendo aprendido de cada uno de ellos, evidentemente dejé algo también como para que después de tantos años ambos siguieran demostrando esa confianza.

Y no es la idea de esta entrada de blog elevar mi ego en lo profesional. No, para eso está Linkedin... que dicho sea de paso, no tengo. wink

La idea de esta entrada de blog es más bien hablar sobre lo que el trabajo representa para cada uno de nosotros. Porque pasamos más horas trabajando que haciendo casi cualquier otra cosa. Si se supone que dormimos 8 horas diarias, y laburamos otras 8, entonces la cuenta es fácil: nos quedan 8 horas de ocio, ¿correcto? Incorrecto. Porque una de esas horas es la de almuerzo, donde seguimos pensando en el trabajo. Otra hora (o hasta dos horas dependiendo de qué tan lejos del trabajo vivamos) la pasamos viajando hacia y desde el trabajo... y ¿adivinen qué?, en el trayecto generalmente vamos pensando en el trabajo también, sea en lo que tenemos para hacer ese día, o sea en lo que nos quedó pendiente o que tenemos programado para el día siguiente. O sea que de las supuestas 8 horas de esparcimiento y relax ya bajamos a 6 o quizás 5. Y ustedes dirán: "Pero en el fin de semana hay como 16 horas diarias dedicadas exclusivamente a despejarte". Para algunos sí, pero hay otros que decidimos trabajar en sistemas, y para nosotros lo de los fines de semana libres es más utópico que real. Y conste que no estoy incluyendo en esto a los médicos que cubren guardias, los que trabajan en locales de venta al público, etc., etc., etc.

Pero por más que puteemos con las tareas que tenemos que hacer, o reneguemos con los procesos, la gente de otros equipos o con la burocracia interna de la empresa, siempre llegamos a un punto en que sentimos esa satisfacción por lo que hicimos como parte de nuestro trabajo. Por ese trabajo que se espera de nosotros.

Puede ser algo de todos los días o el haber completado un proyecto. Pero es algo que forma parte de nuestro trabajo. Y esa sensación de satisfacción con el propio trabajo realizado es mucho más fuerte que cualquier bono o remuneración que nos puedan dar. Bueeeeeno, está bien, no nos vayamos a los extremos. Por la guita baila el mono, y algo parecido nos pasa a nosotros que después de todo somos sus primos cercanos. Pero boludeces aparte, saben a lo que me refiero. Saben cómo se sienten en ese instante de logro en que se nos dibuja una sonrisa en el rostro sin que nos demos cuenta.

¿Y qué es lo más loco de todo esto? Que en este país esté tan desvirtuado el trabajo. Porque en Argentina estamos acostumbrados a que nos digan que la plata no se hace trabajando. Que hay que afanar o cagar al otro para hacer unos mangos. Y que asumamos como algo habitual que por más que nos rompamos el orto trabajando, cíclicamente va a venir el gobierno de turno a patear el tablero y sacarle algunos ceros a la moneda o disparar el valor del dólar. Y así podemos terminar teniendo que ir corriendo ni bien cobramos, a comprar electrodomésticos para mantener el valor de nuestra plata (como contó alguna vez uno de los MiDaChi que debían hacer cada vez que terminaban una función en la época de la hiperinflación). O que de golpe te digan que ya no podés disponer de la plata que tenés en el banco, y solo te dejen sacarla de a puchitos diarios. O que te digan que los dólares que como un boludo depositaste, ahora te los van a dar al cambio que se les cante, y a los premios.

Pero para salir adelante como país hace falta laburar. Laburar y hacer las cosas bien. No para uno, sino para los que van a sucedernos. Nuestros hijos, nuestros nietos. Los argentinos somos individualistas y no pensamos en nuestro vecino. Pero ¿podemos ser tan pelotudos como para ni siquiera pensar en nuestra propia descendencia? Si no lo hacés por el que tenés al lado, hacelo por el (o la) que tenés en brazos, o de la mano. ¿Se entiende lo que digo? Mirá a los ojos a tu hijo, tu hija o tus sobrinos si es que no tenés hijos. Miralos a los ojos y pensá en cómo podrías empezar a explicarle que no estás dispuesto a hacer las cosas bien, como para que esa personita el día de mañana tenga un lugar mejor donde vivir y pueda a su vez hacer lo mismo por su hijo, hija o sobrinos. ¿Qué le dirías? ¿Podés pensar en una buena excusa para seguir siendo tan imbécil? ¿No? Entonces dejémonos de joder y empecemos a hacer las cosas bien. ¡Carajo! ¡Mierda! No puede ser que todo siga igual (o peor) que cuando se escribió Cambalache...

(...)

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor
Ignorante sabio o chorro
generoso o estafador

Todo es igual
nada es mejor
lo mismo un burro
que un gran profesor

No hay aplazaos
ni escalafon
los inmorales
nos han igualao

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición
da lo mismo que sea cura
colchonero rey de bastos
caradura o polizón

Que falta de respeto
que atropellaba la razón
cualquiera es un señor
cualquiera es un ladrón

(...)

Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no afana es un gil

Dale que va
dale nomas
que allá en le horno
nos vamo a encontrar

No pienses mas
sentate a un lao
que a nadie importa
si naciste honrao

Es lo mismo el que trabaja
noche y día como un buey
que el que vive de los otros
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley

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