¡Vamos to-dos a empujar al bon-di!

Hoy volvía a casa del laburo en el subte. Venía sentado (porque salí un poco más tarde de lo habitual), escuchando música y leyendo en el Kindle. Levanto la vista y veo que el subte entra en la estación. Yo estaba  en el primer vagón. Abro el cierre de la mochila, guardo el Kindle y la vuelvo a cerrar. Me levanto, camino a la puerta y cuando el subte termina de parar y abre la puerta, adelante, a menos de un metro de distancia tenía la pared del túnel. Además del clásico "¿Que mierda?...", supuse que me había equivocado al creer haber visto que el subte había entrado en la estación. Pero lo raro era que se hubieran abierto las puertas en el medio del túnel de todos modos.

Entonces escucho a alguien que putea en voz alta, a lo lejos. Se abre la puerta de donde va el motorman (una palabra bien de ahora la que acabo de usar... si, lo sé). Sale un flaco de ahí, y atrás sale el maquinista (mejor lo de "maquinista", ¿no?). Pasa por adelante mío y sigue, y llegando al fondo del vagón le pregunta a otro flaco que estaba parado con la misma cara de pelotudo que yo en ese momento:

- ¿Bajás acá?

El flaco asintió con la cabeza sin mucha convicción. Claro... ¿¿bajar a dónde??

- Vení que bajás por adelante

Y vienen caminando de nuevo para la parte de adelante del vagón. Y cuando pasa por donde estoy me pregunta lo mismo. Y después de que yo le contesto con la misma cara de duda que el otro flaco, me invita también cordialmente a "bajar por adelante".

Nos hace entrar en la parte de adelante del subte, y entonces salta por la puertita a la vía. En ese momento me di cuenta que la bondad de bajar por adelante en vez de hacerlo por cualquiera de las otras puertas, era que la puerta de adelante tenía dos pasamanos chotos que daba lo mismo que estuvieran o no. Desde la vía me dice:

- ¿Te animás a bajar por acá?

Lo miré con cara de "¡Obvio! ¿Me preguntás en serio?", mientras me acordaba de una vez que volviendo de la plata y como se me escapaba el tren lo corrí por la vía. Me agarré del pasamanos del último vagón con la mano izquierda, me agarré con la mano derecha del otro pasamanos, seguí corriendo hasta que las piernas ya no me daban más y salté al estribo... y le erré. Quedé colgado del tren y arrastrando los pies por la tierra apisonada de la vía que todavía está debajo del techo de la estación de La Plata. Las opciones eran dos:

  1. Me soltaba y me raspaba como un idiota (no había riesgo de que me fuera abajo del tren porque estaba colgando del último pasamos del último vagón)
  2. Juntaba lo que me quedaba de fuerzas y volvía a correr y a intentar saltar al estribo. Lo que hice fue esto último. Y por suerte me salió bien...

Y me fui al carajo con la narración una vez más. Vuelvo...

Entonces el maquinista se ofreció a tenerme la mochila. Salté al cemento, y atrás mío hizo lo mismo el otro flaco.

- Listo, ahora hasta la escalerita.

Y ahí fuimos. El subte se había pasado en todo un vagón adentro del túnel. Cuando estaba subiendo las escaleras el maquinista le dijo a otros dos que estaban parados arriba de la escalera que sube al andén (uno era el que puteó desde la sala del maquinista cuando el tren se pasó de la estación):

- Avisá que ahora lo llevo a reparación. Este tren no sigue.

Subí las escaleras del andén incluso, y para cuando llegué arriba no había salido nadie del subte. No me quedé a esperar a ver que pasaba, pero por lo que dijo el flaco cuando yo subía la escalera, iban a tener que bajarse todos. Saqué la foto que agrego al pie de esta entrada de blog, y me vine para casa caminando tranquilo.

Cuando venía caminando me acordé de la vez que tuve que empujar un bondi. Hace unos cuantos años de esto. Con mi señora estábamos de novios todavía y yo después de laburar me había ido hasta la casa de los viejos de ella para verla (típico de época de noviazgo). Después de un rato de estar en la casa me fui a tomar el 126 hasta San Telmo y ahí me bajé para combinar con el loco (el 22) para llegar hasta Bernal.

El 22 baja el puente Pueyrredón en Avellaneda, engancha Av. Belgrano y cuando frena en el primer semáforo se le para el motor. Le da al arranque, el motor hace lo que se suponía que tenía que hacer, y seguimos un par de cuadras más hasta que se traba un poco el tráfico y al bajar la velocidad se vuelve a parar el motor del bondi. Yo venía leyendo un libro y me acuerdo que levanté la vista justo a tiempo para ver al chofer correr la cabeza hacia la derecha y mirar por el espejo retrovisor para decir:

- Bueno, los hombres se van a tener que bajar a empujar.

El colectivo tenía casi todos los asientos llenos. Nadie parado. Y les juro que todos pensamos que era una joda. Incluso algunos sonreímos como para festejarle el chiste al colectivero.

- En serio muchachos, van a tener que bajarse a empujar.

No había muchas opciones, ¿o sí? Yo en esa época laburaba con traje. Me saqué el piloto que tenía puesto, lo dejé en el asiento con el libro apoyado arriba y me bajé con el resto de los pobres infelices representantes del sexo masculino que nos habíamos tomado ese interno del 22.

Éramos 4 boludos empujando el colectivo. No sé de donde corno salieron, pero de golpe aparecieron 5 o 6 pendejos de 17 o 20 años, y se pusieron a empujar. Seguramente iban a tomar algo, a juntarse en algún lado con el resto de los amigos, y les pareció de lo más entretenido empujar un colectivo.

Entre todos empezamos a empujar bastante mejor. Dos cosas me acuerdo patente:

1. La clavada de guampas atrás nuestro. Ni di vuelta la cabeza, era al pedo. No pasó nada... menos mal

2. El cantito de los 5 o 6 flacos que era "¡Vamos to-dos a empujar al bon-di, vamos to-dos a empujar al bon-di!"

¿Cómo terminó la cosa? El bondi arrancó, los flacos siguieron su camino. Los cuatro idiotas que nos bajamos a empujar volvimos a subirnos al colectivo. El colectivo hizo unas 15 cuadras más. Cuando enganchó Av. Mitre volvió a pararse por última vez y tuvimos que esperar al siguiente 22 para seguir camino.

La historia es medio pedorra, lo sé. Pero más allá de la gracia de haber tenido que haber empujado un colectivo, es el día de hoy que todavía me acuerdo del "¡Vamos to-dos a empujar al bon-di, vamos to-dos a empujar al bon-di!"

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